El retorno de la política, el retorno de la esperanza

Movilidad social, clase media y apoyo a la democracia (2007-2013)

En 1973, el economista Albert O. Hirschman en su análisis del capitalismo describió metafóricamente la relación existente entre bienestar objetivo, expectativas y tolerancia a la desigualdad e injusticia a través de la metáfora conocida como el “efecto túnel”. Si los ciudadanos tienen la esperanza de ver alguna luz al final del túnel, la tolerancia frente a la desigualdad e injustica dominará sobre la frustración y generará mejores posibilidades para participar en acciones colectivas. En el marco de esta metáfora, si el automóvil de la izquierda se mueve hacia la claridad (luz) del túnel -incluso así la otra fila de la derecha se mantenga inmóvil- la expectativa de movilidad permitirá tolerar la frustración de mantenerse estancado por un tiempo:

“el efecto de túnel opera porque los avances de los demás proveen información acerca de un ambiente externo más benigno; la recepción de esta información produce satisfacción; y esta satisfacción supera a la envidia o, por lo menos, la suspende” (Hirschman: 1973: 546).

Si bien podríamos sostener que el arribo de gobiernos de “izquierda” en algunos países de la región es consecuencia de la intolerancia a la desigualdad y la injusticia producidas durante el ciclo neoliberal, dada la inmovilidad objetiva y las bajas expectativas de mejoras colectivas y personales, deberíamos preguntarnos qué está sucediendo al interior del túnel llamado Ecuador desde el 2007 hasta el presente: ¿las filas de automóviles están estancadas?, ¿se mueve una de las filas?, ¿se mueven las dos filas de autos?, ¿qué expectativas se están generando al interior del túnel?, ¿qué impacto produce tales expectativas en el desenvolvimiento de la democracia del país?, ¿existe contradicción o no entre las condiciones objetivas y un favorable o desfavorable sentimiento subjetivo de esperanza y expectativas frente al bienestar social e individual?

Desde una posición que defiende la necesidad del cambio social debemos tener claro que si un proceso político no recupera la esperanza de movilidad ascendente y mejora social difícilmente se podrá proponer pacíficamente y en democracia una radical transformación del orden social vigente. No resulta menor, en el marco de un proyecto político, analizar el correlato existente entre bien-estar objetivo y subjetivo; y -de ambos- con el apoyo al sistema político y democrático al interior del país. Las condiciones de posibilidad de una gran y profunda transformación social están relacionadas –entre otras cuestiones- con el retorno de la esperanza como consecuencia de una mejora objetiva y subjetiva de la ciudadanía en el marco de una propuesta de un proyecto político nacional. En este sentido, si bien la condición necesaria para producir un cambio radical en la sociedad es el respaldo popular electoral en las urnas, el papel de los líderes políticos es construir ilusiones movilizadoras y unificadoras que, al recuperar la esperanza, permitan articular la acción colectiva ciudadana (ya sea organizada o no) y concretar un proyecto político que aglutine los intereses de la mayoría de los miembros de una sociedad, es decir disputar el sentido hegemónico de la orientación de la sociedad.

Las condiciones de posibilidad de hacer una revolución pacífica y en democracia radican entonces en que retorne la esperanza, en que existan mejoras sistemáticas en la calidad de vida de la sociedad, que se tenga clara una hoja de ruta de la transformación y que ésta sea aprobada y apropiada por la comunidad política. Estas condiciones permitirán tener un respaldo electoral que es la premisa para poder avanzar en la construcción de un nuevo orden social.[1]

I.    El retorno de la esperanza

En el 2006, el actual Presidente de la República Rafael Correa encontró un país completamente desesperanzado. Tan solo un 13,8% de la población creía que la situación de aquel entonces era buena y un 22% sostenía que ésta iba a mejorar en el largo plazo.[2]

Podría sostenerse, siguiendo el ejemplo de Hirschman, que la tolerancia a la injusticia y a la desigualdad estaba en su límite inferior. En este marco, la construcción de un discurso movilizador y esperanzador permitió ganar las elecciones. No fue fortuito que la principal oferta de campaña fuese proponer al país la construcción de una nueva Constitución de la República que permita firmar un nuevo pacto de convivencia social y que deje atrás al neoliberalismo.

Al analizar las expectativas sociales e individuales luego de siete años de Revolución Ciudadana se puede observar que existe un retorno de la esperanza. En efecto, no deja de sorprender el incremento en el bienestar subjetivo de las y los ecuatorianos: de acuerdo al informe del último del Latinobarómetro (2013), existe cuatro veces más ecuatorianos que en el 2006 que afirman que la situación actual del país es “buena o muy buena” (58%) y tres veces más ciudadanos que consideran que la situación económica del país estará “bien o muy bien” en el largo plazo. A nivel individual, luego de siete años de gobierno el bien-estar subjetivo ciudadano sobre la situación actual y futura se ha duplicado frente al 2006. Si se hace un análisis comparativo regional (América Latina) se puede observar que Ecuador se ubica en el primer puesto de expectativas positivas frente a la situación económica del presente y del futuro del país. En este marco, no es de sorprender que de acuerdo al “índice de satisfacción con la vida”, Ecuador sea el país con mayor incremento en la felicidad de su población a nivel latinoamericano (cuarto con mayor crecimiento a nivel mundial)[3]. No sólo aquello, Ecuador es el país con mayor porcentaje de personas que considera que la distribución del ingreso es “justa o muy justa”[4]. El haber recuperado la sonrisa de la esperanza[5] , sin lugar a duda, constituye –me atrevería a decir– el principal logro de la Revolución Ciudadana.

Ahora bien, ¿en qué medida el incremento de tales expectativas se condice con una mejora objetiva en las condiciones de vida de la población ecuatoriana?

II.    Las condiciones materiales en el período 2007-2013

En el período 2007 al 2013 suceden paralelamente cinco fenómenos de transformación, aunque con diferentes velocidades de cambio:

1.    La economía política en el período de la Revolución Ciudadana ha permitido que la pobreza y la desigualdad disminuyan sistemáticamente entre diciembre de 2007 y diciembre de 2013. Mientras la pobreza ha caído 11 puntos porcentuales, el coeficiente de Gini ha disminuido 12% (ver Tabla No. 1 del anexo).

2.    El crecimiento de la economía ecuatoriana claramente ha sido «pro-pobre». Como se puede observar en el Gráfico No. 1, la velocidad de crecimiento de los ingresos ha sido mayor en los percentiles más pobres que en los más ricos. Dicha situación evidencia un proceso de convergencia socio-económica en la sociedad ecuatoriana.

Gráfico No. 1. Crecimiento “pro-pobre” (2007-2013)

Grafico 1 BIEN

Fuente: ENENDHU, 2007-2013, elaboración propia.

3.    Existe una reducción sistemática de la polarización económica. En el período analizado, la diferencia entre el 10% más rico y el 10% más pobre cayó de 35 a 25 veces.

4.    Se observa un proceso de convergencia territorial; es decir, la velocidad de reducción de la pobreza es mayor en aquellas provincias que tenían mayores niveles de pobreza antes de la Revolución Ciudadana.

Gráfico No. 2. Convergencia territorial: pobreza (2006) y cambio en la pobreza (2006-2012) según provincia

Grafico 2 BIEN

Fuente: ENENDHU, 2006-2012, elaboración propia.

5.    Ha existido inclusión social de sectores históricamente excluidos. Un claro ejemplo de la inclusión ha sido que a través de la política de eliminación de barreras económicas ha crecido sistemáticamente la matrícula de educación básica y superior de los quintiles más pobres, el acceso a salud y se ha incrementado de la misma forma el acceso a la seguridad social de sectores históricamente excluidos como empleadas domésticas.

En suma, lo que se puede constatar es que las condiciones materiales (tanto absolutas como relativas) han mejorado sistemáticamente durante los últimos siete años, correspondientes al gobierno liderado por el Presidente Rafael Correa: la pobreza, la desigualdad y la polarización económica han disminuido constantemente. A su vez, la velocidad de mejora de los más excluidos (tanto individual como territorial) es mayor que la de los que -a priori- se encontraban en mejor situación. Tales resultados podrían permitirnos sostener que las mejoras sustantivas en las expectativas subjetivas de bien-estar social e individual están acompañadas de mejoras materiales objetivas que conducen a construir una sociedad más cohesionada.

III.    Democracia, apoyo político y calidad de vida

Albert Hirschman, en su libro Salida, Voz y Lealtad (1977 [1970]) propone una curva de demanda en la cual articula la demanda del bien con la calidad del producto. En otro texto sostuve (Ramírez, 2004) que el respaldo a cierto régimen político y de gobierno está relacionado con la calidad de vida de su población y su mejora; es decir, a medida que mejora la calidad de vida de la población más respaldo tiene la democracia y/o el gobierno. Podríamos sostener que dicha relación positiva está vinculada no solo a los factores objetivos del nivel de vida sino a las expectativas subjetivas frente a la misma de la población.

Figura 1- Apoyo electoral

En este marco, de acuerdo al más reciente Latinobarómetro (2013) Ecuador aumentó el apoyo a la democracia de 52% a 62% entre 1996 y 2013; siendo en el período de la Revolución Ciudadana el incremento de 8 puntos porcentuales.

Si bien no se pueden definir causalidades, al menos podemos señalar que en los siete años de gobierno del Presidente Rafael Correa se da una correlación positiva entre mejora de la calidad de vida de los ciudadanos, reducción de desigualdades sociales, sentimiento de vivir en una sociedad más justa, recuperación de la esperanza (expectativas individuales y colectivas), apoyo a la democracia y estabilidad política. En efecto, no debemos olvidar que desde 1996 al 2007, ningún Presidente de la República terminó su período de gobierno. Antes del 2007, en los diez años precedentes se tuvo 7 Presidentes de la República en el Ecuador. Rafael Correa en el 2017 cumplirá diez años de estar al frente del Estado ecuatoriano. La agenda programática de los principales cambios sociales y la legitimación social de la misma ha sido decidida por la propia ciudadanía a través de la construcción de una democracia con periódicos procedimientos electivos. No olvidemos que en estos siete años se han concretado nueve elecciones que el movimiento del gobierno ha ganado consecutivamente, de las cuáles tres han sido consultas populares y en dos de ellas, que fueron para elegir Presidente de la República, se ganó en primera vuelta. Es importante señalar, que en las últimas elecciones Alianza País obtuvo 100 asambleístas de un total de 137, y ganó en 33 de las 34 circunscripciones electorales dentro y fuera del país. Lo importante de esta información no solo es evidenciar la estabilidad política que ha habido en los últimos siete años, sino evidenciar que la propuesta política del gobierno actual es de carácter nacional y ampliamente democrática.[6]

Hacer cambios sociales estructurales pacíficamente y en democracia sin lugar a dudas constituye uno de los principales retos que tiene cualquier gobierno que se precie de ser progresista y de izquierda.

IV.    El puente: incremento de clase media y movilidad social ascendente

Retomando la metáfora de Hirschman sobre el túnel, podríamos señalar que en las sociedades capitalistas con altos niveles de desigualdad la experiencia vital de las personas (según el grado de jerarquía social existente) se desarrolla en diferentes túneles (recorridos/rutas) en donde los individuos van transitando según sus posiciones en la estructura social. El algunas sociedades (menos desiguales) habrá inclusive movimientos ascendentes dentro de cada túnel, o en otros existirán inclusive puentes (más o menos estables) entre los túneles. Dentro de una sociedad, generalmente el puente estable lo constituye la clase media.

En Ecuador antes del 2007 podría decirse que no existía uno sólo túnel sino dos separados por un tramo que únicamente se podían cruzar en una gabarra o puente endeble de “poco en poco” y a una velocidad que hacía deprimente la espera[7]. Se trataba entonces de una sociedad dual con una clase media reducida y lábil. Dicha separación dificultaba la conexión (entre los túneles) y, por lo tanto, la integración social.

¿En Ecuador, qué ha sucedido entonces en los túneles y con la clase media en el período de gobierno analizado?

Si bien el análisis y concepto de clase social –en general– es una temática que ha generado mucho debate tanto teórico como metodológico, para los fines de este escrito hemos simplemente caracterizado a la misma en función del ingreso económico personal y hemos considerado a la clase media como aquellas personas que ganan más que la canasta básica per cápita y menos que el promedio de ingreso del noveno decil de la población, manteniendo la paridad de poder adquisitivo.[8]

Al observar lo sucedido en estos siete años, se puede constatar que -aproximadamente- uno de cada cuatro ecuatorianos/as pertenece a la clase media y que el incremento neto de la misma ha sido del 5.41% entre 2006-2012[9].  A su vez, vale la pena señalar que este incremento se ha debido a la movilidad ascendente de población que se encontraba en niveles de vulnerabilidad económica y no por un descenso de la clase de mayores ingresos. En este sentido, podríamos afirmar que se ha tejido un puente (no una gabarra ni una conexión endeble de sogas y tablas) que permite vincular establemente ambos túneles.

Gráfico No 3. Distribución social del ingreso y clase media (2006-2012)

Grafico N. 3

Fuente: ENENDHUR 2006-2012; Elaboración: Propia.

Pero a su vez, es necesario destacar el flujo de la movilidad social al interior de los túneles y en el puente llamado clase media. En términos generales, si bien podemos observar que sistemáticamente ha mejorado el nivel de vida de toda la población en términos de ingreso (Gráfico No. 3), uno de cada cuatro ecuatorianos/as (23%) ha pasado a un estrato económico superior; es decir, ha experimentado una movilidad ascendente entre los túneles: el 10% de la población salió de la pobreza[10], el 9% pasó de ser clase vulnerable a clase media y el 3.7% pasaron a una clase más alta (no rica)[11]. Dentro de la simbología de la metáfora mencionada, no es lo mismo que se muevan los autos al interior del primer túnel pero que no salgan del mismo, a qué existan automóviles que no solo se mueven al interior del túnel sino que ya se encuentran en el puente y otros que están ingresando al segundo túnel.

En suma, podemos señalar que se está edificando un puente sólido que permite unir los dos túneles y permite una mejor “conexión social”. A su vez, se podría señalar que el incremento de las expectativas no sólo se debe a que pocos ciudadanos/as dentro del primer túnel se están moviendo sino que existe una movilidad de la sociedad en su conjunto, en donde, los más pobres se mueven a mayor velocidad que los de clase media y éstos más rápido, a su vez, que los de la clase más alta de la sociedad. Es decir, más personas que se encontraban en el primer túnel pasan al puente que las que se encontraban en el puente y pasan al segundo túnel.

V.    La salida del túnel: la recuperación de la política para la transformación social

El retorno de la esperanza, como se ha podido evidenciar, es consecuencia de que al interior del túnel todos podemos ver que “el otro” automóvil se está moviendo al igual que “el mío”, que existe un puente más sólido que el que existía en el 2006 y que más autos se encuentran sobre dicho puente. Incluso se puede observar desde el primer túnel y desde el puente que “otros autos” están ingresando en el segundo túnel. Dicha situación genera expectativas positivas en la ciudadanía sobre el futuro personal y social.

Que la sociedad se esté moviendo ascendentemente es valioso per se. A su vez, experimentar “la luz” del puente es aún más importante y valorado socialmente. Si bien uno podría sostener que entrar al segundo puente, en un contexto capitalista, sería “la utopía”, creemos que dicha situación no necesariamente es deseable en el marco de otro modelo de sociedad. La propuesta programática de la Revolución Ciudadana ha sido no únicamente mejorar el bienestar de la población sino producir un buen vivir social y ciudadano. Para la Revolución Ciudadana salir del esquema de los túneles es vivir dignamente, lo que no significa vivir en la opulencia del consumismo infinito. Es decir, salir de tal modelo implica apenas el inicio de la verdadera transformación social.

En un primer paso, ésta posibilidad desde la izquierda está en plantear una transición viable ética y políticamente, lo cual implica sin lugar a dudas proponer una estrategia clara de acumulación y (re)distribución[12] alternativa. Por ejemplo, como hemos señalado en otras ocasiones (Ramírez, 2012a), querer construir una economía popular y solidaria, por el simple hecho de ser anticapitalista, pero que no garantice la superación de la pobreza no es una propuesta viable para la izquierda. A su vez, a nombre de un pragmatismo ciego creer que lo único que debe hacer la izquierda es buscar el lado “bueno del capitalismo” o simplemente administrarlo de una mejor manera, es no tomar en cuenta la historia, casi como ignorar que la humanidad ha transitado por otras formas de convivencia social a lo largo de su días, y creer que realmente nos encontramos en la última etapa de la historia de la humanidad: en su fin (Ramírez, 2012b). Sin embargo, debe quedar claro que dicha disputa programática será inviable sino se disputa primariamente el poder fáctico que permita edificar el sentido hegemónico del cambio.

Podría sostener que el proyecto político de la Revolución ciudadana cuenta con las pre-condiciones dadas para producir una transformación social radical: movilidad social ascendente, clase media que se fortalece, incremento de la calidad de vida de la ciudadanía, reducción de la desigualdad y la polarización social, legitimidad política, apoyo a la democracia y retorno de la esperanza.

No obstante, en qué medida este movimiento objetivo y subjetivo; absoluto y relativo; pacífico y democrático es sostenible en el mediano plazo y largo plazo. El sentido subjetivo del retorno de la esperanza únicamente se mantendrá si en el largo plazo se da una sostenibilidad en la mejora de las condiciones materiales[13] de vida de la población y si se recupera la política como espacio de edificación del nuevo sentido hegemónico de la transformación social.

A su vez, la sostenibilidad en la mejora de las condiciones de vida de la población está articulada al cambio en la matriz productiva, y ésta está en función del cambio en la matriz cognitiva y cultural de la población (Ramírez, 2014).

En términos políticos, el cambio en el modo de acumulación ecológicamente sostenible únicamente será posible si se pueden articular los intereses de una nueva burguesía nacional o latinoamericana emprendedora y no rentista, que apueste a construir un patrón de especialización que fortalezca el puente (clase media) entre los diferentes estratos socio-económicos y busque trocar la estructura social desigual a través de la democratización de la propiedad de los distintos capitales. A este proceso mencionado, es necesario e indispensable construir políticamente una nueva internacionalización para lo cual se requiere construir una integración política y socio-económica de Latinoamérica. Por otra parte, el cambio en la matriz cognitiva y cultural únicamente será posible a través de un cambio epistemológico de la gestión del conocimiento y de la cultura. Es decir, la revolución del pensamiento y los sentidos es la condición de posibilidad de construir un nuevo modelo productivo (ecológicamente sostenible) que democratice, integre y cohesione a sus ciudadanos mientras se da el propio proceso productivo.

No obstante, tanto la reconversión de la matriz cognitiva como -en su defecto- la transformación de la matriz productiva únicamente serán viables en tanto y cuánto se recupere la política como medio para disputar el sentido hegemónico del cambio social y, por ende, la orientación de la sociedad ecuatoriana.

En este marco, es necesario entender la acción política como medio pero también como fin del proceso de cambio. Debemos sin duda preguntarnos el «para qué» de la agenda política. Y la respuesta a esta pregunta debe ser: para alcanzar nuestras metas programáticas y los cambios estructurales que nos hemos propuesto. No se puede tener agenda política sin que esté claro cuál es el fin de la misma (“construir la sociedad del buen vivir” o “constitucionalizar la sociedad en base a ese pacto forjado en el 2008”). Sin embargo, el cambio estructural debe, a su vez, permitir el fortalecimiento de los actores sociales y políticos, asegurar su participación y protagonismo a largo plazo. De esa manera, la acción política debe crear un círculo virtuoso, basado en actores que apoyen y empujen el cambio, y que el cambio que sostienen y auspician los fortalezca.

Esto nos lleva a enfrentar un problema que hemos heredado de la hegemonía del pensamiento neoliberal y que, de alguna manera, ha capturado a buena parte del pensamiento de izquierda. Esta idea es que la política es una mala palabra, y por lo tanto no es relevante discutir sobre ella. Una vez más, debemos tener claro: la recuperación de la política emancipadora es la condición de posibilidad de un nuevo orden social emancipador.

Esta política no puede ser ambigua y amorfa. No puede colocarse en un “centro” que niega la necesidad de las diferencias, que niega la importancia de conformar identidades políticas e ideológicas claramente identificadas. Como señala Chantal Mouffe (2003), la disputa es inherente a la vida social y el conflicto desempeña un papel integrador clave en la democracia moderna. Negar el conflicto y el antagonismo es aceptar el dominio sin disputarlo; y aceptar el dominio es ratificar el deseo (consciente o inconsciente) de querer vivir en una sociedad injusta.

Desde aquí, una política que se autodefina como de izquierda no puede dejar de ofrecer, so pena de ser identificada con la derecha, alternativas al actual orden hegemónico. No puede dejar de proponerse la transformación de las relaciones de poder existentes para buscar una sociedad más igualitaria y justa.

El “Estado de las venas cerradas” -como diría Boaventura de Sousa Santos (2010)- por el cual estamos luchando, oscilará entre elevadas expectativas populares y profundas frustraciones, principalmente por lo que Presidente Rafael Correa ha llama la “tragedia de la proximidad”.

La disputa política contra-hegemónica para cambiar la correlación de fuerzas de poder es ardua. Siguiendo a José Mariátegui, podríamos decir que debemos seguir viviendo peligrosamente si es necesario la disputa política, “porque si bien significa correr importantes riesgos, la alternativa es demasiado mediocre: vivir en espera, pero sin esperanza” (citado en de Souza Santos, 2010: 209).

Tenemos claro y no debemos equivocarnos: ¡la recuperación de la esperanza social ha sido posible dada la recuperación de la política, y la recuperación de ésta ha sido viable porque se ha reconquistado la política como espacio de construcción de la esperanza!

 René Ramírez Gallego

Quito, febrero de 2014

Citas en el texto

[1] Más adelante nos referiremos a las condiciones de factores exógenos internacionales que podrían interferir en la construcción de un nuevo orden social.

[2] A nivel individual, 1 de cada 4 ciudadanos/as sostenía que su situación era al menos “buena” y uno de cada tres afirmaba que su situación económica personal futura sería “buena” o “muy buena”.

[3] Para confrontar ver Happyness Planet Index (2013).

[4] La creencia en que la distribución del ingreso es “justa o muy justa” –en los últimos siete años- ha crecido del 22% al 58%.

[5] Ver http://youtu.be/pqr9OHb2TNA

[6] Si se revisa la historia electoral del país se puede constatar que la mayoría de presidentes han asumido el poder a través de apoyos regionales. Dicha situación ha hecho que el proyecto nacional de país quede relegado a un segundo plano.

[7] Se trata de dos túneles separados jerárquicamente. Uno mayoritariamente integrado por estratos bajos y el otro, altos.

[8] En el Anexo, se pueden observar los rangos que se han utilizado en diferentes estudios que han medido la clase media a través del ingreso.

[9] En estricto rigor hubo un incremento del 9% en términos brutos. Empero, dado que, 3.7% se movilizó a una clase más alta, en términos netos la clase media creció 5.4%.

[10] El año del indicador es 2012.

[11] Si tomamos como clase media la población comprendida entre el promedio del decil 5 y decil 9, el crecimiento de la clase media es de 7.5% de la población. Existe autores que consideran como clase media incluso toda población que se encuentra por encima de la línea de pobreza (ver Tabla No. 2 del anexo). Desde una perspectiva ética, sostenemos que claramente una persona que se encuentra por encima del límite de lo que usualmente es la línea de pobreza no puede ser considerada clase media.

[12] La acumulación de esta riqueza no tiene por objetivo la misma acumulación sino la re-producción de la vida humana (una vida plena) y de la naturaleza.

[13] También en el plano simbólico, aunque como no fue tratado en este texto no se lo menciona aquí.

Anexo

Tabla No. 1. Comparación del bienestar objetivo y subjetivo, período 2006 – 2013

Attachment-1 (2)

Tabla No. 2. Definiciones de clase media según ingreso

Grafico Anexo

Fuente: Ferreira, Francisco. et. al.  (2013) BIRF/BM, 2013.

Bibliografía utilizada:

CEPAL (2013) Panorama Social 2013. Santiago de Chile: CEPAL.

Corporación Latinobarómetro (2013) Informe 2013. Santiago de Chile: Corporación Latinobarómetro.

De Sousa Santos, Boaventura (2010) Refundación del Estado en América Latina. Perspectivas desde una epistemología del Sur. Quito: Abya Yala.

Ferreira, Francisco. et. al.  (2013) La movilidad económica y el crecimiento de la clase media en América Latina. Washington D. C.: Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento/Banco Mundial.

Hirschman, Albert O., 1973. “The changing tolerance for income inequality in the course of economic development,” World Development, Elsevier, vol. 1(12), December.

Hirschman, Albert O. (1977) Salida, Voz y Lealtad. D.F. México: Fondo de Cultura Económica [(1970) Exit, Voice, and Loyalty, Cambridge: Harvard University Press].

Mouffe, Chantal (2003) La paradoja democrática. Barcelona: Gedisa Editorial.

Ramírez G, René (2004) Pseudo – salida, silencio y ¿deslealtad?: entre la inacción colectiva, la desigualdad en la representación política y el bienestar. Tesis de Maestría en Gobierno y Asuntos Públicos (2002-2004) D.F. México:Flacso -Sede Académica México

Ramírez G, René (2012a) Una gran transición para una gran transformación. Reflexiones a partir de la iniciativa Yasuní ITT, en Robin Blackburn, et. al. Nuevas Fronteras de la Izquierda, Quito: IAEN-SENESCyT, pp. 135-155.

Ramírez G, René (2012b) Izquierda y “buen capitalismo”. Revista Nueva Sociedad, N° 237, enero febrero-2012, pp. 32-48.

Ramírez G, René (2014) La virtud de los comunes: de los paraísos fiscales al paraíso de los conocimientos abiertos. Quito: Abya Yala (en prensa)


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