Entrevista a René Ramírez en Contretemps

Restablecer el sentido de lo público en la Educación Superior. Entrevista a René Ramírez en Contretemps

René Ramírez, Secretario de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación, brindó una entrevista en noviembre de 2013 al medio de comunicación francés Contretemps, publicación independiente, claramente involucrada con el movimiento anti-capitalista, la misma que está apostando a la combinación de la reflexión y la acción; la investigación y el compromiso.

Durante esta entrevista, René Ramírez manifestó el compromiso del Estado con la transformación y mejoramiento de la Educación Superior del país. Además, reiteró la importancia de recuperar el sentido de lo público y explicó que, mediante el conocimiento, el Ecuador pasará  de ser un país de recursos finitos a generar recursos infinitos. De esa manera, el cambio de la matriz productiva implicará un cambio en la matriz cognitiva. El Secretario de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación explicó en qué consiste la Economía Social del Conocimiento que impulsa el Estado ecuatoriano.

A continuación, una traducción al español de la entrevista realizada por el medio francés.

La entrevista en francés está disponible en la página web del medio de comunicación: http://www.contretemps.eu/interviews/%C3%A9quateur%C2%A0-%C2%AB%C2%A0renouer-sens-public-dans-lenseignement-sup%C3%A9rieur%C2%A0%C2%BB-entretien-ren%C3%A9-ramirez-min

Ecuador: Restablecer el sentido de lo público en la Educación Superior

Esta entrevista permite volver sobre las importantes reformas llevadas a cabo por el Gobierno de Correa –sin negar las dificultades– con las que se busca reducir las desigualdades que encuentran los/las ecuatorianos/as a la hora de acceder a la Educación Superior. La entrevista se realizó durante la visita de René Ramírez, Ministro ecuatoriano de la Secretaria de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación, el 7 de noviembre de 2013.

Contretemps: ¿Podría describirnos las principales medidas de su gran reforma de la Educación Superior calificada por el New York Times como “reforma radical”? 

René Ramírez: Lo esencial de la reforma consiste en restablecer el sentido de lo público en la Educación Superior. En Ecuador hay un malentendido en el debate político que consiste en creer que existe una lucha entre el Estado y el sector privado. En realidad, se trata de una lucha por restablecer la noción de servicio público y posicionarse en contra de la mercantilización.

Toda la reforma de la Educación Superior consiste en desmercantilizar el sistema y construir el bien común del saber, de manera general, y en la Educación Superior, en particular.

Este proceso se puso en marcha, de manera más amplia, con la Ley y a través de la Constitución de 2008. Ese año propusimos los artículos de la Ley, que pretendían ya la desmercantilización de lo público. Una de las cuestiones esenciales de este proceso es la gratuidad de la Educación Superior. Esto es fundamental, pues si bien es cierto que nuestras universidades ya eran del Estado, esto no significaba que eran públicas. Por el contrario, eran universidades con una fuerte presencia privada. El punto de la reforma consistía en desprivatizar la Educación Superior. Estas universidades, si bien dependían del Estado, tenían por ejemplo pagos de tasas de admisión que constituían un obstáculo para el acceso de estudiantes con menos recursos económicos. Nosotros hemos propuesto que la Educación Superior sea gratuita.

Por otra parte, es importante destacar otro punto relacionado con el sentido del servicio público: el problema de patriarcado. Las universidades ecuatorianas eran y son muy patriarcales, a pesar de nuestras reformas. En las universidades públicas, todos los rectores son hombres. Todos los consejeros académicos son hombres. Nosotros estamos a favor de la equidad de género.

Abordar el tema de la gratuidad ha permitido algo fundamental: La democratización de la Educación Superior. Además, con la gratuidad hemos puesto en marcha políticas alternativas, por ejemplo, un nuevo examen de admisión diferente a una prueba de conocimientos. Este nuevo modelo se centra en un examen que mide las capacidades de racionamiento matemático y lógica, asimismo la capacidad de orientación en el espacio. Esta prueba garantiza la igualdad de oportunidades para los/las estudiantes en el acceso a las universidades, mientras que el examen de conocimiento solo reproduce las desigualdades sociales. Los más ricos siguen una carrera universitaria y los más pobres no logran entrar a la universidad. Este nuevo examen muestra lo que sabíamos ya: que los más pobres tienen las mismas capacidades que los ricos, pero no las mismas oportunidades. Un 70% de los/las estudiantes que entraban antes a la universidad pertenecían al 20% de las familias más ricas. Con nuestra política de gratuidad, el nuevo examen de admisión y el otorgamiento de becas a los estudiantes más pobres, estamos revirtiendo las cosas.

La gratuidad en efecto no es suficiente. Por esta razón, al momento de la prueba de actitud identificamos a los/las estudiantes más pobres y les otorgamos automáticamente una beca de USD 160, que corresponden a la mitad del salario mínimo en Ecuador, y doblamos esa suma a los/las estudiantes de estas categorías populares que obtienen notas superiores a 8/10 durante los exámenes, para su formación académica, hablamos de alrededor de USD 300. Es importante destacar que en Ecuador, estas personas viven con menos de dos dólares por día. Así que esto es un incentivo real para que estudien. Estas medidas provocaron que se duplicaran las inscripciones de los/las estudiantes provenientes del 20% de las familias más pobres de Ecuador y, asimismo, observamos que se duplicó la inscripción de los/las estudiantes afro ecuatorianos/as. Existe una verdadera democratización del sistema.

También hay que referirse al tema de la calidad de la enseñanza. La recuperación del sentido de lo público permite también un mejoramiento de esta calidad. Existían, anteriormente, fuertes conflictos en el seno de las Universidades privatizadas y corporatistas. Un buen ejemplo es el del Consejo de Rectores, encargado del control de las universidades, que funcionaba  por cooptación. Nosotros lo reformamos, a través de la Ley Orgánica de Organización de la Educación Superior del 2010, y creamos un Consejo Mixto. Cuatro miembros fueron seleccionados por el Gobierno y seis por la comunidad académica. Estos miembros deben cumplir ciertas condiciones en términos de experiencia, de publicaciones, etc. La calidad está garantizada por los nuevos mandatos constitucionales. Así, el mandato 14 permitió evaluar a los/las academicos/as. La evaluación de las universidades permitió categorizarlas y jerarquizarlas de la A a la E. Veintiséis universidades se encontraban en la categoría E. La Ley Orgánica tiene previsto reevaluarlas después de un año y medio bajo la condición de que aquellas que no pasen esta segunda evaluación estarán obligadas a cerrar. Como resultado del proceso de evaluación, decidimos cerrar catorce universidades, porque no reunían los niveles mínimos de calidad. ¡Y todas eran universidades privadas! Luego lanzamos un proceso de acreditación de universidades y aquellas que no están acreditadas deberán salir del sistema. En contraparte, por supuesto, nos hicimos responsables por los estudiantes de esas universidades cerradas. Para ello, creamos un Plan de Contingencia que permitió reubicar a 40.000 de ellos en universidades de categoría A o B. Toda la operación fue completamente financiada por el Estado.

El tercer punto de esta reforma se refiere a la importancia estratégica de la formación. Algunas carreras se manejaban hasta ese momento de manera autárquica; es decir, que no correspondían a las necesidades de formación que la sociedad necesita. Por ejemplo, existían numerosas ofertas para Administración de Empresas (33% de la oferta), que costaban poco para montarlas y generaban muchos dividendos y, por otra parte, una débil oferta de carreras como la Medicina, que implican costos importantes para la universidad. Entonces nosotros creamos un sistema de incentivos que entrega más recursos a las universidades de buena calidad, con un buen nivel de investigación. Eso depende también del número de estudiantes y de la forma en la que se evalúa la pertinencia de la oferta de carreras en relación a las necesidades del país.

Contretemps: ¿Podría Usted explicarnos su política de becas para estudiar en el extranjero?

René Ramírez: Lo que es fundamental es la producción de conocimiento. Eso implica mayor inversión de recursos para el conjunto de la investigación. No es posible hacerlo de un día para el otro. En el Ecuador, desafortunadamente, hay pocos jóvenes (2%) que obtienen el nivel de bachillerato para entrar a la universidad. Por eso, hemos creado uno de los programas más ambiciosos casi equivalente al del Brasil, en términos de políticas públicas de becas, si lo vemos proporcionalmente al número de la población. Este programa permite a los estudiantes y a los profesores de las universidades salir al extranjero para hacer sus maestrías y sus doctorados. Hemos dado la posibilidad a 7000 estudiantes de hacer sus estudios en las mejores universidades del mundo, mientras que antes eran solamente 200 estudiantes. Hemos invertido USD 500 millones en este proyecto de becas.

Durante un viaje a Rusia, el Presidente Correa se encontró con un estudiante que venía de la provincia de Guayaquil, que es particularmente pobre. ¡Este estudiante fue formado en Astronomía en Rusia! Forma parte de un gran número de estudiantes provenientes de familias que ven por primera vez uno de sus hijos entrar a la Universidad. Gracias a esta política, el Ecuador es el país con la tasa más alta de estudiantes universitarios provenientes de familias pobres (27%) en América del Sur.

Esto es importante porque esto va a permitir la democratización de la enseñanza superior. Ahora bien, en Ecuador entrar a la universidad permite la movilidad social. Según los modelos econométricos es muy improbable salir de la pobreza sin ayuda. Nuestras medidas tienen como punto de partida suprimir la pobreza de manera estructural, yendo mucho más allá de las políticas de transferencias monetarias directas, como si esta fuera la única solución a largo plazo.

Por otra parte, nosotros queremos invitar a investigadores extranjeros al Ecuador mediante nuestro programa Prometeo; financiamos la estadía de investigación -desde dos meses hasta dos años- para aquellos investigadores/as que vienen a trabajar a nuestras universidades e institutos de investigación.

Contretemps: Las políticas de democratización de la Educación Superior en Francia favorecieron el acceso a la universidad, pero la selección no fue suprimida, esta se desplazó más bien al nivel del Master. Nuevas jerarquías se han instalado entre las universidades y entre las carreras. ¿Cómo acompañar, de una mejor manera, a los estudiantes durante sus estudios para evitar la reproducción social?

René Ramírez: El gran problema al que nos enfrentamos en el Ecuador es que pocos/as estudiantes pertenecientes de familias pobres logran terminar la secundaria. Nuestras estadísticas muestran que estos sectores se encuentran excluidos de los tres últimos años de secundaria. Trabajamos ya con nuestros incentivos, particularmente con el sistema de becas en la secundaria, para aumentar el número de alumnos/as pobres para que logren graduarse del bachillerato.

En este sentido, la política de gratuidad es importante. En Francia la situación es ya mucho más igualitaria. En el caso del Ecuador o en América del Sur, la situación es diferente. El sistema de educación en Ecuador está organizado, por un lado, alrededor de universidades públicas y, por el otro, universidades privadas. Las universidades privadas no plantean solamente un problema de calidad, sino que también reproducen la estructura de clases sociales. Además hay universidades marcadas por su militancia religiosa, algunas de ellas cercanas al Opus Dei. Es extremadamente problemático, hay que colocar este tema en el debate público, porque esta situación genera también la reproducción social a través de la opción de la familia que ponen a sus hijos en estas universidades para organizar sus encuentros amorosos y facilitar los matrimonios dentro de la misma clase social. En nuestro caso es al revés, nosotros tratamos de corregir estas desigualdades recuperando los bienes comunes y colocando políticas de cuotas en las universidades privadas, así como cuotas para los/las indígenas y los/las afro ecuatorianos/as. Hemos creado igualmente becas específicas para ciertos pueblos indígenas. Desafortunadamente son pocos, hasta ahora, los interesados en postular a becas. Tenemos que efectuar un trabajo continuo de apoyo para el ingreso a la universidad.

Contretemps: Usted mencionó que la evaluación de las universidades precedió a la reforma del sistema. ¿Este sistema está diseñado para operar a largo plazo?

René Ramírez: Es necesario pensar este tema a largo plazo. Vamos a evaluar las universidades cada cinco años. Pero lo más importante es la acreditación de las carreras. Las que no se acrediten deberán desaparecer. Estamos considerando también la organización disciplinaria de la universidad y los temas pedagógicos relacionados. Desafortunadamente en Ecuador, antes las universidades eran organizadas en función del sistema económico capitalista. Por consecuencia, las universidades no buscaban desarrollar carreras que no fueran en fase con este sistema económico. Por ejemplo, eso producía una separación fuerte entre las carreras científicas y las de humanidades. Hoy en día, nuestro deseo es acercar ciencias y humanidades. Por ello, hemos dado dos años para que todos los sectores de la Educación Superior realicen sus propuestas al Consejo de Educación Superior.

Contretemps: Precisamente, bajo este escenario de revalorización del trabajo del docente, ¿Se ha considerado un aumento salarial?

René Ramírez: Exacto. El salario de un profesor o profesora pasó de USD 250 a USD 810 y esperamos continuar con este crecimiento, pero esto presupone una importante reforma fiscal. En cuanto a la universidad, se ha implementado una verdadera carrera de profesor-investigador, que permite al mismo tiempo, regular los salarios. Hasta ahora, este dependía del poder político que tenía un profesor dentro de la universidad o su antigüedad, pero en ningún caso, tenía que ver con criterios académicos. Los/las docentes se encontraban en una situación de precariedad por la flexibilidad de la situación laboral: otra de las consecuencias del neoliberalismo en Ecuador. Estos profesores y profesoras recibían el nombre de “profesoras y profesores taxis”, porque tenían que ser contratados por varias universidades para poder completar un salario digno. Gracias a esta nueva categoría de profesor-investigador, los nuevos docentes comienzan ganando un sueldo mínimo de USD. 450 a USD. 1700. El requisito mínimo es que estos profesores o profesoras tenga un título de Maestría, para que luego puedan obtener un doctorado, hacer publicaciones, etc. Por lo tanto, abolir esta precariedad laboral que vivían los/las docentes es uno de los objetivos de la reforma.

Contretemps: ¿Podría profundizar un poco más sobre lo de la integración del problema de género en el marco de esta reforma? ¿Existe una reflexión específica sobre este problema?

René Ramírez: A pesar de que en Ecuador las encuestas muestran que las inscripciones de mujeres sobrepasan a las de los hombres y que tienen incluso mejores resultados académicos, el 90% de la Dirección de las universidades están a cargo de los hombres. Hemos señalado, en el marco de la reforma de la Educación Superior, que debe haber un equilibrio y una igualdad de género en los cargos directivos. Este problema ha generado mucha tensión, pues la mayor parte de los directores han argumentado “el mérito” como única exigencia para ocupar estos puestos. Las universidades deben presentar al Consejo de Educación Superior sus nuevos estatutos, los cuales tienen que ajustarse y ser reformados de acuerdo a esta nueva ley que exige una igualdad de género en los cargos de Dirección en la Universidad.

Por otra parte, queremos mantener la tradición de un “gobierno común” de universidades; es decir, que en el Consejo Universitario asistan representantes de estudiantes, de profesores, de egresados y del personal no universitario, todos elegidos democráticamente por sus pares. Exigimos este mismo tipo de gobierno también a las universidades privadas y particulares, para contrarrestar su espíritu mercantilista y de rentabilidad. Pero es difícil llevarlo a cabo, ya que las direcciones de estas universidades funcionan por “herencia”; es decir, que la dirección pasa de padre a hijo.

Contretemps: ¿Cuáles han sido la fuente de inspiración para estas reformas?

René Ramírez: Esta reforma es un producto absolutamente ecuatoriano, que surge de un análisis profundo del contexto mundial a partir de la crisis “cognitiva” por la que atraviesa. La Ley Orgánica de la Educación Superior ha sido la ley más debatida de la Revolución Ciudadana del Ecuador: dos años y medio de debate. Uno de los puntos fundamentales de esta Ley ha sido el de romper con el corporativismo de las instancias que regulaban el sistema. Por ejemplo, el Ministerio que represento, la Secretaria de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación, no existía en Ecuador. Se temía que la creación de una Secretaria así podía atentar contra la autonomía universitaria, concebida como un “mito” en Ecuador. En realidad, esta autonomía no existía, había heteronimia. La autonomía se perdió durante los 20 últimos años con la mercantilización de la Educación Superior. Incluso reinaba dentro de las universidades, una autarquía absoluta, no solamente desligada totalmente de los intereses de la sociedad sino también con el Estado. Con la creación de esta Secretaria se quiso recuperar y preservar esta autonomía, a fin de que las universidades reasumieran su rol: producir conocimiento en lugar de responder a las exigencias empresariales. Se podría incluso decir que este era uno de los grandes problemas de la Universidad: no producía más conocimientos. Y si una universidad no produce conocimientos, se convierte simplemente en una escuela.

Contretemps: ¿Cuál es la posición de su Ministerio frente a los movimientos de estudiantes de estos últimos años en América Latina y del Norte, como los surgidos en Chile, Colombia y Canadá (Quebec)? Estos estudiantes luchan justamente contra la mercantilización de la Educación Superior.

René Ramírez: Para mí, estos movimientos son muy importantes e incitó a los/las estudiantes y los/las profesores a una mayor movilización. Vivimos actualmente una tercera ola de movimientos universitarios en América Latina. La primera, la de Córdoba, Argentina, en 1918, que se propagó por toda América Latina. La mayoría de las reformas del sistema educativo aparecieron a partir de la autocrítica del mismo sistema hecha por los/las estudiantes, los/las profesores/as y/o los/las trabajadores/as.

En el marco de esta nueva reforma, que ha sido formado por representantes externos de las universidades, a pesar de que todos venimos de la academia. Pero en términos programáticos, la reforma tiene sus límites, y es por eso que necesita esos hombres y mujeres que están en su interior. Representamos a la macro estructura, sabemos hacia dónde dirigir la universidad. Nosotros podemos gestionar los temas políticos y motivacionales pero si no hay un nudo interno de estudiantes y profesores que garanticen el cumplimiento de esta nueva ley, la reforma no se podrá realizar.

Desde este punto de vista, creamos un Consejo de Estudiantes Universitarios y de las escuelas de Educación Superior, que avanza lentamente, pero que es muy importante, pues como en Chile, el problema de la educación no es simplemente una cuestión que afecta a un sólo sector, sino es un verdadero problema social. El movimiento chileno ha propuesto una reforma en la constitución. Chile es realmente una “burbuja educativa” por la estrecha relación entre la educación y el crédito, entonces el endeudamiento de las familias puede llevar a un problema estructural de toda la sociedad que va más allá del ámbito educativo. En el caso particular del Ecuador, y dentro del marco de la Revolución Ciudadana, el país necesita un movimiento social. Yo tengo la esperanza que éste sea un movimiento universitario o estudiantil, por “universitario” entiendo la relación entre profesores/as, estudiantes, directores/as. Este movimiento es indispensable para radicalizar la reforma estructural que estamos llevando a cabo en Ecuador.

Contretemps: ¿Cuál es el papel de la reforma de la Educación Superior en el cambio global impulsado por Rafael Correa desde su primer mandato?

René Ramirez: El cambio estructural en el Ecuador es producir otro modelo de acumulación, dentro de la relación de acumulación-redistribución materialista. Tenemos un modelo rentista de acumulación, primario, explotador, sectario e importador, de los cuales sólo una, la burguesía de exportación-importación comercial, es quien controla la política económica. De esta manera, el cambio estructural se debe dar mediante el conocimiento, transmitido desde la escuela hasta la universidad. Es por ello que pretendemos pasar de los recursos finitos (porque Ecuador es un país petrolero) a los recursos infinitos que representan la producción de ideas.

Estamos proponiendo una nueva ley llamada “Economía Social del Conocimiento”. Actualmente, tenemos una limitación como país del Sur: estamos viviendo una segunda fase de neo-dependencia, como se le llama, porque tenemos una dependencia de los conocimientos, que son aquellos generados por los países más industrializados y no por los nuestros. Y esta dependencia se relaciona con el tema de la arquitectura económica global, en otras palabras, ¿cómo se puede controlar la propiedad intelectual? ¿Qué relación mantiene con el comercio? Los acuerdos de Libre Comercio, tratados bilaterales de inversión, Organización Mundial del Comercio, los acuerdos de derecho de propiedad intelectual… ¿Cómo esta arquitectura del CIADI configura un nuevo capitalismo cognitivo? Proponemos una nueva ley que recupera el conocimiento y el bien común, y aspire a romper este monopolio y la lógica de los tratados de Propiedad Intelectual del intercambio de libre comercio entre el Norte y el Sur. Para ello, es indispensable contar con una nueva arquitectura regional. Proponemos construir, desde UNASUR, un CIADI en Sudamérica, para que los conflictos se puedan resolver en la región y no, por ejemplo, en Washington o el Banco Mundial. Vamos a tener que ponernos de acuerdo para discutir el significado de la propiedad intelectual. Vamos a empezar por el derecho interno porque actualmente Ecuador está asumiendo la Presidencia de la UNASUR. Con el Presidente Correa estamos discutiendo el tema dentro de los acuerdos regionales e internacionales, pues es aquí donde se juega la verdadera emancipación.


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