Dicurso de la herencia de la sociedad rentista y de “casino” a la herencia de la sociedad democrática y meritocrática

meritocracia

De la herencia de la sociedad rentista y de “casino” a la herencia de la sociedad democrática y meritocrática

(René Ramírez Gallegos)

Las amplias desigualdades sociales y económicas son el principal impedimento para construir una democracia radical. No puede haber democracia radical donde no existe mutuo reconocimiento y cohesión social, y estas no pueden constituirse como tal con distancias sociales hirientes. Por otra parte, debemos preguntarnos cómo construir una democracia sostenible a lo largo del tiempo. La sostenibilidad de la democracia reside en la posibilidad de romper con las desigualdades materiales que se perpetúan generación tras generación.

Las desigualdades intergeneracionales que viabilizan la edificación de una sociedad más democrática e igualitaria se rompen a través de cinco mecanismos: redistribución del ingreso/consumo; democratización de derechos sociales (sobre todo educación, salud y seguridad social); democratización del conocimiento y la tecnología; construcción de un sistema productivo democratizado en donde no solo estén distribuidos más igualitariamente los medios de producción sino que la propiedad de la empresa sea de la mayor cantidad de ciudadanos y/o trabajadores y democratización del patrimonio.

Vamos por partes.

Redistribuyendo el consumo y los ingresos

El período de gobierno del Presidente Rafael Correa tiene un sello particular frente a la etapa neoliberal: la reducción de la pobreza ha venido acompañada de –simultáneamente- la reducción de la desigualdad y la ampliación de los derechos sociales. La pobreza de consumo en Ecuador en el período de la Revolución Ciudadana (2006-2014) se redujo en 12.5 puntos porcentuales, un poco más del doble que lo que se redujo en el período inmediatamente anterior. Eso implicó que un millón tres cientos mil ecuatorianos salieran de la pobreza. Esta reducción ha caminado paralelamente con una disminución importante de la desigualdad. La tasa de reducción del coeficiente de Gini, indicador que mide la desigualdad, cae 10.5% (reducción equivalente a casi 5 puntos en el coeficiente mencionado). La polarización económica también cae: mientras la distancia entre el 10% más rico según consumo y el 10% más pobre era de 18 veces más en el 2006, en el 2014 es de 12,9 veces. Si la unidad de medida es el ingreso y no el consumo, la diferencia entre el decil más rico y más pobre cae en el período de gobierno de 42 a 22 veces. Si bien la caída de la polarización económica es vertiginosa, una distancia en que las personas más ricas tienen 22 veces más que las más pobres todavía dicha distribución resulta ofensiva éticamente en sociedades que no han superado la pobreza.

Un ejercicio ilustrativo resulta de preguntarnos con qué porcentaje de la riqueza podríamos superar toda la pobreza de Ecuador. Como se puede observar en el gráfico 1, podemos concluir que con el 0,4%[1] del gasto/consumo de la población más rica se podría superar toda la pobreza en el país; es decir, se podría superar la pobreza de 4 millones de ecuatorianos. Lo que esta cifra nos dice es que la desigualdad es tan grande todavía en Ecuador que con una mínima fracción de la riqueza del país podríamos sacar de la pobreza a todos los ecuatorianos pobres.

Gráfico No 1. Porcentaje de riqueza necesaria para superar la pobreza de consumo del Ecuador (Línea de riqueza vs. Línea de pobreza), 2014.

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Fuente: ECV, 2014. Elaboración: propia. Nota técnica:  1.171 dólares de gasto per cápita es la línea de riqueza tomando en cuenta toda la muestra poblacional; 636.9 dólares de gasto per cápita es la línea de riqueza si se considera “dato aberrante” (outlayer) aquellas personas que tienen un consumo per cápita de 3.5 desviaciones estándar por encima de la media.

Estos cambios mencionados son fruto de acciones deliberadas al momento de distribuir el pastel. Como se puede observar en el gráfico 2, en el período 1999 al 2006 en todos los percentiles creció la participación del consumo; empero, el crecimiento fue mayor en los percentiles más ricos. En el período del Presidente Rafael Correa, también se da un crecimiento en todos los niveles de consumo (percentiles), con la diferencia que los estratos más pobres son los que crecen a mayor velocidad. En otras palabras, el crecimiento del consumo en los gobiernos de Jamil Mahuad, Lucio Gutiérrez, Alfredo Palacios y Gustavo Noboa fue pro-rico, en tanto que en el gobierno de Rafael Correa ha sido pro-pobre.

Gráfico No 2. Tasa de crecimiento anual del consumo según percentiles, 1999-2006 y 2006-2014

 

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Fuente: Encuestas de Condiciones de Vida, Varios años. Elaboración: INEC

No debemos olvidar a su vez, que estos resultados han venido acompañados de movilidad social ascendente e incremento de la clase media ecuatoriana. Si entendemos a la clase media como aquellas personas que consumen más que el costo de la canasta básica y el promedio del decil más rico, se puede constatar que la clase media ha incrementado en 8 puntos porcentuales en el período de gobierno 2006-2014. Si se toma en cuenta la clase media baja, esta crecería 4.5 puntos porcentuales; es decir, la clase media ha crecido 12.5 puntos porcentuales en el período de gobierno del Presidente Rafael Correa.

Democratización de derechos sociales

La reducción de la desigualdad y de la pobreza que ha producido la Revolución Ciudadana no es cosmética dado que ha venido acompañada de procesos de democratización en el acceso a servicios públicos que fortalecen las capacidades humanas como la salud, la educación, la seguridad social, la vivienda, etc. Sin lugar a duda, por ejemplo, frente a un shock externo es mucho más probable que la desigualdad o la pobreza aumenten en países en donde no se ha dado una democratización de servicios que hacen a la efectivización de los derechos sociales.

A diferencia de lo acontecido en los 25 años de la época neoliberal, en el período de la Revolución Ciudadana se ha recuperado el sentido público, universal, democratizador y de calidad de la educación. En el campo de la educación superior, del total de la matrícula en el 2014, aproximadamente el 70% de la misma es oferta pública y 30% particular. En el período referido 2006-2014, en términos absolutos ha crecido la matrícula en 136 mil estudiantes, equivalente a un crecimiento de 4.1 puntos porcentuales de matrícula universitaria. Pero el incremento de la matrícula en valores absolutos ha venido acompañado con procesos de democratización del mismo. A partir del 2006 la matrícula universitaria del 20% más pobre, de los indígenas o afro-ecuatorianos se ha duplicado. En efecto, la asistencia a la educación superior del 20% más pobre crece del 9,5% al 18% entre el 2006 y marzo del 2015; es decir, en 8 años se recupera y supera la caída de matrícula del quintil más pobre producida en 16 años (ver gráfico 3).  En términos absolutos, la participación de la matrícula de los estratos más pobres ha crecido 11% (testimonio: http://youtu.be/pqr9OHb2TNA).

 

Gráfico 3. Tasa bruta de asistencia a educación superior del 20% más pobre, 1990-2014

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Fuente: Enendhu, varios años. Elaboración: propia.

Lo sucedido en términos de democratización de capacidades en la arena de la educación superior no ha sido aislado de los otros sectores sociales. Así por ejemplo, mientras entre 1990 y 2006 hubo una desacumulación de capacidades de los más pobres, es decir, cayó la matrícula del bachillerato en los dos quintiles más pobres en 14%, en los últimos 8 años incrementó un 39% en el mismo estrato socio-económico[2]. Similar situación sucede cuando se analiza el acceso a seguridad social. Mientras entre 1990 y el 2006 el acceso a seguridad social incremento de 9 al 11% en los dos quintiles más pobres, en el subsiguiente período más que se duplicó al alcanzar una cobertura del 23%. Estos servicios, su acceso, atacan principalmente las causas de la pobreza estructural, por ello si se observa el indicador de pobreza según necesidades básicas insatisfechas se comprueba una caída de 16 puntos porcentuales, y a su vez una disminución a mayor velocidad que el período comprendido entre 1999-2006 en donde cayó 12 puntos porcentuales (ver gráfico 6). En este marco, el rasgo fundamental del cambio durante el período de gobierno del Presidente Rafael Correa no es “únicamente” la reducción de la pobreza y la desigualdad, sino que estos fenómenos sociales han venido acompañados de una democratización de capacidades en la sociedad y sobre todo en las de los más pobres, situación que produce convergencia y cohesión social.

 

El punto de quiebre: romper con la sociedad rentista y del abolengo

Lo mencionado anteriormente da cuenta de cambios significativos en la sociedad ecuatoriana que se construye más integrada. No obstante, la igualdad estructural que viabilice una democracia sostenible intergeneracionalmente no se logrará sino se rompe con un modelo de sociedad pre-moderna, aristocrática y rentista. Pre-moderna porque se basa en el privilegio, un privilegio que termina justificando el bienestar de unos pocos encastados y rentista porque esa riqueza solo se genera desde el acumulado ocioso de bienes y medios de producción y no desde la economía real del trabajo.

En las últimas semanas, el Presidente de la República ha presentado tres proyectos de ley que buscan romper con esa estructura socio-económica a fin de preparar la inserción de Ecuador en el siglo XXI: la Ley de Herencias, la Ley de Plusvalía y el Código Orgánico de Economía Social de los Conocimientos, la Creatividad y la Innovación Social.

Ecuador tiene una estructura social rentista y aristocrática que es el núcleo central que imposibilita la construcción de una sociedad radicalmente democrática. Debemos tener claro que la democratización del poder en la ciudadanía difícilmente podrá ser quebrada sino se rompe con el rentismo de los “Patricios” de la historia ecuatoriana.

Permítanme colocar en el contexto global la propuesta que articula las tres leyes enviadas a la Asamblea Nacional en las últimas semanas. El sistema mundo transita nuevas formas de acumulación (generación de riqueza) que oscilan del capitalismo industrial al capitalismo cogntivo. El paradigma de la producción fordista en serie está llegando a sus últimos días y está siendo reemplazado por procesos hiper-descentralizados que están dando paso a que se reconfigure nuevos métodos y procesos que generan otras formas de interacción para producir acumulación en el capitalismo.

El motor y la riqueza en el capitalismo industrial están en la generación de ganancias provenientes de la productividad. En un capitalismo genuino industrial (no especulativo) el rentismo no es bien recibido dado que no es productivo. El nuevo capitalismo es de orden especulativo y rentista. Dado que el capitalismo industrial ha encontrado freno a su acumulación, el moderno capitalismo ha buscado construir la acumulación sin una real generación de riqueza sino a través de procesos especulativos y rentistas siendo los principales: el inmobiliario, el dependiente de la renta del capital/patrimonio y el articulado a la renta proveniente de derechos de propiedad intelectual. Ecuador no ha sido la excepción. Estas ficticias formas de generación de riqueza configuran relaciones de poder que imposibilitan construir una democracia genuina.

Debe quedar claro, en el caso de Ecuador, que uno de los rentismos que está haciendo más daño a la economía es el que proviene de la especulación de los procesos de importación. El rentista importador que a través de lobby busca únicamente preferencias arancelarias o jugar con los stocks de importación para obtener más rentabilidad económica sin generar riqueza está destruyendo la industria nacional.

Los proyectos de ley enviados a la Asamblea Nacional buscan disputar la democratización del poder de facto que se da en la economía ecuatoriana. Es una hipocresía señalar que hay democracia solo porque hay elecciones si en el día a día la horizontalidad del diálogo está en función de un poder concentrado en pocas manos la cual es función de la ruleta rusa de nacer en cuna de oro o en cuna de barro. Jamás se podrá dar un mutuo reconocimiento social si los puntos de partida son completamente asimétricos desde el nacimiento.

¿Es viable construir una sociedad justa y democrática si la convivencia social se da en relaciones asimétricas de poder la cual es consecuencia del juego de barajas del destino?  ¿Se puede construir una sociedad justa y democrática si los individuos no tienen autonomía material y su reproducción de la vida depende de la voluntad de la persona que ha heredado su fortuna?

Permítanme poner un ejemplo simple para que analicemos el concepto de justicia. ¿Quién debería estar en la selección de fútbol del Ecuador en el presente: el hijo de Alberto Spencer por haber sido hijo de uno de los mejores jugadores de la historia del Ecuador o Valencia que juega hoy en día en uno de los mejores equipos del mundo? Hipotéticamente si bien existe la probabilidad de que el hijo de Spencer pueda ser un extraordinario jugador de fútbol, debería demostrar sus talentos para ser convocado a la selección del Ecuador y no estar en la misma –quitando un cupo al mejor jugador del país en la actualidad por haber tenido la fortuna de haber sido hijo del extraordinario jugador del Peñarol.

Lo que sucede en el ejemplo futbolístico es lo que está en juego en el debate de la construcción de otro tipo de sociedad en el Ecuador. La sociedad ecuatoriana debe seguir aceptando que el bienestar colectivo dependa de una estructura similar a los juegos de azar del casino con una bajísima probabilidad de romper con la suerte (generalmente el rico apuesta más plata que el pobre en el casino y por lo tanto la posibilidad de seguir acumulando riqueza sin hacer nada más que jugar a la ruleta rusa es infinitamente más alta que el pobre, que la mayoría de veces ni siquiera le dejan entrar a estos espacios del azar por discriminación social); o que cada ciudadano sea capaz de forjar su destino a través de su esfuerzo y su mérito.

En los primeros ocho años de Revolución Ciudadana, se reconstruyó un sistema para que todo ecuatoriano tenga un piso en términos de derechos sociales y políticos -para más allá de su mérito- y pueda vivir una vida digna. No obstante, no sería justo que aquellos con talentos innatos y que a través de su esfuerzo meritocrático tienen la posibilidad de seguir expandiendo sus capacidades y mejorando su bienestar sea vean truncados debido a una estructura social que no da paso porque para seguir ascendiendo en la escala social únicamente será viable si pudiste heredar una patrimonio significativo o tuviste la suerte de nacer en una familia de abolengo o aristocrática.

El segundo momento: la nueva independencia a conquistar

El acceso a un sistema de educación público, gratuito y de calidad no es suficiente si lo que se distribuye es pobreza. La educación en términos económicos es condición necesaria pero no suficiente para generar mayor riqueza. No se podrá conseguir calidad de vida digna para la población si existen sociedades igualmente pobres y desigualmente ricas. Asimismo podemos señalar que, la democratización del conocimiento no sólo pasa por el acceso a los sistemas formales de educación. No habrá impacto estructural en el Ecuador de la educación sin que se genere otro sistema de gestión del conocimiento. No es compatible un sistema de educación pública de calidad con un sistema hiper-privatizado de generación y apropiación del conocimiento por parte de toda la sociedad.

En este marco, una segunda fase en la estrategia que apuesta Ecuador para la transformación social parte de construir un nuevo sistema de gestión del conocimiento y de innovación. Esto empieza por desarrollar tecnología y generar conocimiento. Este desarrollo y generación de conocimiento debe estar articulado a democratizar el acceso tecnológico para fomentar mayor productividad y garantizar derechos. En este marco, se busca que a través de procesos de transferencia tecnológica se reproduzca tecnología localmente y articular el sistema científico-tecnológico para canalizar innovación social y productiva. El nuevo sistema debe tener como base de su gestión recuperar el sentido público y común del conocimiento y la tecnología, asegurando un equilibrio entre titulares y usuarios, pero que permita la difusión del conocimiento y reduzca la dependencia tecnológica y cognitiva.

El fortalecimiento y la construcción del sistema científico y tecnológico constituyen –a su vez- los cimientos de la edificación de un ecosistema de innovación social que busca erigirse en la base fundamental de la nueva forma de creación de riqueza. En otras palabras, el proyecto político de transformación social  apuesta a que el ingenio, el pensamiento, la creatividad, el conocimiento del ser humano sea la base estructural de la creación de valor agregado en la economía ecuatoriana. En este marco, el sistema busca construir un marco institucional en que la riqueza del emprendimiento sea principalmente del innovador/creador/científico y no únicamente del financista (como sucede en el rentismo de los usuales sistemas de propiedad intelectual). De esta manera, busca romper con la forma de enajenación usual que se da entre capital y trabajo. Esto no solo permite generar riqueza y puestos de trabajo, sino que ataca al corazón de la injusticia social y pone por delante al trabajo sobre el capital. En el capitalismo cognitivo, el investigador y el innovador son asalariados, y el capitalista es el financista. En este nuevo capitalismo la fuente de acumulación principal está en el robo de las ideas a través de tener los derechos de autor o de propiedad intelectual del nuevo proletariado: el cognitariado (innovador, creador, artista, científico). En la máxima, así como la tierra debe ser de quien la trabaja, la innovación y la creación deben ser de quien innova o de quien crea.

Es por esto que Ecuador plantea un nuevo Código Orgánico de los Conocimientos, la Creatividad y la Innovación que se ha denominado Código Ingenios. En este marco legal, el investigador/innovador/creador sea busca que sea prioritariamente el mismo  emprendedor o sea co-propietario del emprendimiento y -en donde- en el marco del respeto de los derechos de autor/propiedad intelectual se busque construir un sistema abierto, libre y común de generación de conocimiento. Si queremos construir otra economía debemos cambiar la jerarquía de los valores económicos de la sociedad: en la economía propuesta tienen más valía las ideas que el capital, hay mayor valor social en el “Banco de Ideas” (repositorio de proyectos creativos) que en el dinero de la banca comercial corriente.[3] Es por esto que el sistema financiero o la banca pública de desarrollo deben jugar un rol fundamental para romper la escasez de oferta de financiamiento para la creación e innovación de tecnología social. En este marco y luego de las transformaciones radicales en el campo educativo que se están llevando a cabo, recuperar del sentido público del conocimiento, desarrollar tecnología local y el democratizar el acceso a la ciencia y tecnología constituye un segundo momento de la transformación social y productiva que fomenta el gobierno del Presidente Rafael Correa. Un momento que trasciende la mera coyuntura y se inscribe en las grandes y trascendentes luchas por la independencia. En caso contrario seguiremos el camino hacia un nuevo dependentismo: el de la mente factura.

La no aprobación del Código Ingenios es condenar al país a la ignorancia cognitiva/tecnológica y a la pobreza intergeneracional. Apostar a la economía de un país a recursos finitos (recursos naturales no renovables) sin cultivar conocimiento para el desarrollo tecnológico y la innovación, es tener la certeza de que no superaremos la pobreza estructural del país.  En términos económicos, tener una ciudadanía más educada sin la configuración de un sistema sólido de ciencia, tecnología e innovación equivaldría a tener un Phd. en nanotecnología para saber vender televisores de última tecnología importada en su mall (supermercado) favorito.

Al poner en el centro del debate de la transformación social a la educación pública de calidad y la configuración de un nuevo sistema de gestión de conocimiento abierto y común para todos, se propone pasar de la sociedad de la plutocracia hacia una democracia realmente ciudadana; de una sociedad dependiente a una sociedad autónoma; de unas oligarquías hereditarias y rentistas a una sociedad democrática y meritocrática y que antepone el trabajo del ser humano sobre el rentismo del capital.

Epílogo: una sociedad justa, solidaria y libre de envidia

La sociedad liberal utilitaria ha tenido como fundamento de su existencia la depredación de la naturaleza por la acumulación; el egoísmo, como motivación de competencia; la desigualdad y la envidia como estímulos; la actividad pública —acción pública estatal o comunitaria— como coste y la responsabilidad como problema. Tal perspectiva ha partido de dos premisas erróneas: que no existen límites en la naturaleza, y que en el contrato social todos los ciudadanos parten de igualdad de condiciones; es decir, libres, iguales e independientes. El objetivo máximo de aquel esquema, en términos concretos, ha sido aumentar el bienestar de la población, visto como el incremento de la suma agregada de los ingresos y gastos de los consumidores (¿ciudadanos?). La garantía del derecho estaba principalmente sujeta a la condición de trabajador formal con poder adquisitivo, como un medio para permitir la reproducción de la clase dominante, en donde la herencia jugó un rol fundamental. A su vez, el modo de producción se ha caracterizado por un desigual acceso a la propiedad, pues los derechos a la propiedad otorgan a los propietarios el control del trabajo y de la producción, convirtiendo al trabajador en mero instrumento del proceso productivo. La distribución de la riqueza —monetaria y, en el mejor de los casos, de los bienes primarios— se da por medio del mercado y el asistencialismo subsidiario de la política social. Estas son las características que dan cuenta de la Constitución de 1998.

El nuevo pacto de convivencia de la Constitución de 2008, no parte del principio del «velo de la ignorancia»; parte del hecho de la abismal desigualdad, exclusión y discriminación que existe en la comunidad política llamada Ecuador. La construcción de una sociedad más justa debe comenzar por reducir tales brechas a través de procesos de (re)distribución de los beneficios del desarrollo, asumiendo la falsedad de la «tesis de la abundancia», mediante el reconocimiento de la justicia intergeneracional y considerando como sujeto de derecho a la naturaleza. El nuevo pacto de convivencia parte del objetivo de alcanzar el Buen Vivir de los ciudadanos y colectivos —todos y todas sin discriminación alguna—. Sin embargo el Sumak Kawsay no es viable si no se tienen como metas la garantía de los derechos de la naturaleza, la reducción de las desigualdades sociales, la eliminación de la discriminación, de la exclusión, y la construcción del espíritu cooperativo y solidario que viabilice el mutuo reconocimiento entre los «iguales diversos», y todo esto en el marco de una nueva estrategia de generación de riqueza. La apuesta política de la Revolución Ciudadana para desarrollar esa estrategia es poner en su centro al conocimiento, la creatividad y la innovación.

La construcción de una sociedad igualitaria en la diversidad, basada en la solidaridad y la cooperación como ausencia de envidia, quizá es un objetivo mucho más loable para una sociedad que tiene como horizonte el recuperar el carácter político, solidario y gregario del ser humano, en contraposición con el ser solitario y egoísta en que se basa la sociedad utilitaria liberal del libre mercado. En este sentido, el principio rector de la justicia relacionado con la igualdad en el marco del reconocimiento de la diversidad que proponemos para el debate, …tiene que materializarse (objetiva y subjetivamente) —en el lado negativo— por la eliminación de las desigualdades que producen dominación, opresión, indignidad humana, subordinación o humillación entre personas o territorios y —en el lado positivo— por la creación de escenarios que fomenten una paridad que viabilice la emancipación y la autorrealización de las personas y donde los principios de solidaridad y fraternidad (comunidad) puedan prosperar y con ello la posibilidad de un mutuo reconocimiento (o posibilidad de reciprocidad) entre los miembros y territorios de una sociedad (Ramírez, 2008: 32).

La cooperación y solidaridad se desarrollarán en la medida en que las partes interesadas sean conscientes de que en el futuro estarán ligadas por proyectos conjuntos, y que la consecución de tales proyectos es condición también de la autorrealización personal. Es decir, un pacto de convivencia en que las personas se reconozcan mutuamente. En tal medida, la búsqueda de una sociedad que participe en la construcción solidaria y cooperativa de un porvenir compartido es condición necesaria para la edificación de una sociedad más o menos libre de envidia.

Debemos tener claro que no habrá cambio estructural posible sino salimos del modelo rentista primario exportador y secundario importador. No habrá emancipación social posible si seguimos siendo dependientes cognitiva y tecnológicamente. No habrá posibilidad de construir una sociedad que reconozca al otro (diverso) como igual, si no nos liberamos de la sociedad de la envidia y si la desigualdad social sigue siendo grotesca. El buen vivir de todos no puede depender del azar de haber nacido en cuna de oro o no. La conciencia ciudadana es asumir sus derechos y exigirlos pero también reconocer sus obligaciones para construir colectivamente la base material y subjetiva que permita a todos vivir una vida digna y plena.

Ecuador experimenta la disputa por producir un punto de inflexión en su historia republicana. Durante estos casi 9 años de gobierno de la Revolución Ciudadana recién se han sentado las bases, condiciones de posibilidad, para producir un cambio estructural. Desde el 2007 la Revolución Ciudadana ha detentado el gobierno del Estado pero no ha podido revertir las relaciones estructurales de poder. Se inclinará la balanza para construir otro Ecuador si como sociedad entendemos la necesidad de distribuir esos espacios de privilegio que detentan un minúsculo grupo económico rentista. No cabe duda que la única forma de inclinar la balanza y poder ganar la batalla de la democratización del poder es sí tenemos como escudo la voz activa (organizada o no) y el pronunciamiento electoral de la ciudadanía ecuatoriana y la ética pública; es decir, únicamente si somos capaces de reactivar una democracia radical (deliberativa, participativa y plebiscitaria) en donde no se tenga miedo a la voz del pueblo y donde todos aquellos que estemos involucrados en la cosa pública tengamos un comportamiento idóneo, honesto e insobornable.

¡No cabe duda que cuando se trata de cambiar las estructuras de poder, pueden darse pérdidas electorales que sean, no obstante, aplastantes victorias históricas! Entonces, ¡que el pueblo debata, dialogue, participe y decida!

 

Quito, 26 junio del 2015

[1] Si eliminamos  las observaciones que se encuentran más allá de 3.5 desviaciones estándar de la media de consumo –como se suele sugerir en ciertas metodologías estadísticas- se obtiene un indicador de 2.3%; es decir, que en el caso extremo con la riqueza del 2.3% de la población que más gasta se podría eliminar la pobreza de consumo de casi el 26% de la población ecuatoriana.

[2] La tasa neta de matrícula entre 2006 y 2013 creció 21.6 puntos porcentuales al pasar de 55% al 77%.

[3] Para mayor información sobre el “Banco de Ideas” visitar http://senescyt.boostlatam.com/.


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