La invisible economía política en el libro de Thomas Piketty “El capital en el siglo XXI”

Comparto el comentario de Paul Krugman -premio Nobel de economía- que “El Capital en el siglo XXI” escrito por Thomas Piketty podría ser el libro más importante de la última década a nivel mundial. La investigación de dos siglos y el enfoque interdisciplinario no solo atacan miradas dogmáticas sino que ponen en jaque a las propias ciencias económicas. De hecho creo que es el mejor texto de economía que he leído en los últimos años, justamente porque sobre todo es de historia.

La crítica fácil que se haría desde cierta izquierda dogmática es que el libro no plantea o no genera una alternativa al capitalismo. Me queda claro que el libro es una lectura desde un marco teórico neoclásico y desde el mismo capitalismo. No busca nunca salirse de aquel esquema. Si bien no estoy de acuerdo con tal mirada, no podemos pedir a una investigación algo que no pretende hacer.

Con esta advertencia, mencionaré cinco críticas que podría hacer a esta investigación de trascendencia mundial[1]:

La primera tiene que ver con escaso o marginal análisis que hace el autor sobre China. Sin lugar a dudas las decisiones que tome China afectarán el desenvolvimiento del capital en las próximas décadas. Solo por mencionar un aspecto principal en este sentido, Piketty señala la importancia del rol que juega el crecimiento poblacional en el crecimiento económico general. Podría pensar que la decisión tomada por el gobierno chino de permitir más de un hijo/a a aquellas parejas que vienen de familias de “únicos hijos”, en “algo” afectará a la demografía y al crecimiento mundial. No es justificación que no existe información disponible. Recordemos el libro excelente Adam Smith en Pekín  en donde Giovanni Arrighi hace un análisis extraordinario de las relaciones productivas y económicas en el capitalismo del siglo XXI y el papel que jugará China en este. El vacío de reflexión exhaustiva sobre China en el libro de Piketty creo que es una falencia grande que incluso podría distorsionar la prospectiva que se realiza en el libro. En ese marco, peca de una mirada muy occidental y eurocéntrica del capital.

En segundo lugar, es un libro que habla sobre todo de la macroeconomía y no de las relaciones sociales de producción. Esto lleva a una crítica de David Harvey, que comparto, en la cual se señala que Piketty comete el error de tratar al capital como un stock físico y no como un sistema de relaciones productivas y de poder.

También llama la atención que al tomar la decisión de analizar la composición del ingreso y la riqueza en función de percentiles o deciles (esto es, dividir la población del más pobre al más rico en 100 o 10 partes iguales ordenadas ascendentemente) se deja de lado en buena medida el análisis de clases socio-económicas. Dicha decisión impide que se analice minuciosamente la proporción de la riqueza en función de la población económicamente activa en su relación capital/trabajo. Si bien señala que la riqueza se concentra en el 1% más rico, podríamos preguntarnos: ¿qué porcentaje de ese 1% es capitalista y qué porcentaje es trabajador? Una sociedad en la que crece la acumulación de la riqueza de los capitalistas pero se mantiene el número de capitalistas es menos desigual que una sociedad con una menor población capitalista (mayor concentración de la riqueza). En el análisis de Piketty hubiera sido importante analizar la evolución de la población económicamente activa en la relación entre número de trabajadores frente al número de capitalistas. Si bien se analiza históricamente la relación capital/trabajo en dólares, no se analiza la relación entre población de capitalistas frente a población trabajadora, y la relación de esta última con la primera.

En cuarto lugar, es necesario discutir en el capital del siglo XXI (quizá no en el del siglo XX o XIX) la unidad de análisis para contemplar la concentración de la riqueza. Si Facebook ha producido igual riqueza que el PIB del Perú, lo más seguro es que no necesariamente la unidad de análisis para medir la concentración de la riqueza deben ser los países. Es un tema debatible pero las transnacionales a nivel mundial adquieren mucha más importancia que muchos Estados-nación en el siglo XXI.

Finalmente, podríamos señalar que si bien Piketty hace una crítica sustancial a la economía política de las estadísticas de construcción del PIB y menciona paradojas de la economía ortodoxa como el hecho de que si un país privatiza la educación y la salud incrementa el PIB (o que no se contabiliza ninguna remuneración sobre el capital público), no trata un tema fundamental que todo economista del siglo XXI debería al menos dejar planteado cuando aborda el tema de la riqueza: la contabilidad del patrimonio ambiental (aunque sea desde la misma mirada capitalista). Seguro no existen datos para contabilizarlo en el período que analiza Piketty. No obstante, no mencionar este tema es una ausencia teórico-conceptual a mi modo de ver bastante importante dado el objeto de su tratamiento.

No nos referimos aquí a su planteamiento de poner un impuesto a la emisión de CO2 sino de incorporar en el análisis del capital al patrimonio natural. ¿En qué medida la acumulación de la riqueza y su concentración se sustenta en la dilapidación de la riqueza natural existente en el mundo? Un análisis del capital en el siglo XXI no puede dejar de lado el análisis del patrimonio natural y su relación con los modos de producción y acumulación de riqueza dentro de una economía (nacional o mundial).

Si bien la entrada metodológica de Piketty es interdisciplinaria lo cual rompe las tradicionales formas monolíticas de hacer investigación, su marco conceptual no deja de ser ortodoxo y neoclásico. El tema del patrimonio medio ambiental adquiere importancia a nivel mundial en el análisis de la división internacional del trabajo. ¿Cuánto cambiaría la distribución mundial de la riqueza si se le da valor al patrimonio ambiental de cada país? ¿Qué sucedería en la distribución de la riqueza a nivel mundial si se contemplase el pago a la deuda ecológica?

En este marco, así como debemos empujar más investigación y uso de energías renovables es necesario fomentar la reducción del consumo de hidrocarburo. A propósito del COP21 que se realizará este año en París (Conferencia sobre el cambio climático), la mejor estrategia de poner límites biofísicos al capital es concretar la propuesta ecuatoriana de compensación sobre Emisiones Netas Evitadas (ENES). A más de que dicha política permite caminar en un mundo más sostenible ambientalmente, creería yo que sería un cambio estructural en la distribución de la riqueza mundial a favor de los países del sur.

El tema ambiental debe ser trabajado a la par de la recuperación del sentido público del bien conocimiento. No es casual que a nivel mundial, el bien común “conocimiento” se privatice a través del manejo de la propiedad intelectual híper-patentizada en los ADPIC, en los TLC y los TBI; y que el patrimonio ambiental siga siendo contemplado como un bien público/común mundial de libre acceso. No solo debemos concretar la nueva arquitectura financiera regional sino también la nueva arquitectura cognitiva del sur que dispute la normativa de OMC referente a los derechos de propiedad hiper-patentizados. Esto solo será posible si se concreta la integración en UNASUR/CELAC y caminamos de la mano en el tratamiento del conocimiento como un bien público y común de la humanidad. No sólo se necesitamos una democratización del conocimiento al interior de los países sino entre países.

Problematizar los temas ecológicos en el análisis del capital del siglo XXI es también considerar una mirada desde el Sur global. Siento que las 667 páginas del libro que estamos comentando tienen una perspectiva centro-periferia: observado desde el centro hacia los “márgenes” del mundo. Claramente se evidencia que las ausencias analíticas de la academia también evidencian relaciones de poder.

[1] En estos párrafos plantearé escuetamente mis principales críticas al libro de Thomas Piketty que no fueron publicados en el impreso de la entrevista realizada por Orlando Pérez en “El Telégrafo”. No obstante, estas líneas constan en la versión digital en la página web del diario mencionado: http://www.telegrafo.com.ec/economia/item/no-se-modernizara-ecuador-sino-se-elimina-la-cultura-rentista.html


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